lunes, 8 de enero de 2018

Fragmentos y testimonios de Anaximandro 610/9–545

I. Cronología
(D-K 12 A 1) D. Laercio, II 2:
!ApollódwroV o2 !AqhnaîoV ... fhsin au1tòn e1n toîV CronikoîV tv< deutérv e5tei th<V penthkosth<V o1gdóhV o1lumpiádoV e1tw<n ei3nai e2xh'konta tettárwn kaì met! o1lígon teleuth<sai {a1kmásantá ph málista katà Polukráth tòn Sámou túrannon}.

Apolodoro de Atenas... en sus Crónicas dice que [Anaximandro] tenía sesenta y cuatro años en el segundo año de la Olimpíada 58a. (547-546 a.n.e.), y murió poco después; de modo que alcanzó su acmé aproximadamente en el tiempo de Polícrates, tirano de Samos.
(D-K 12 A 11) Hipólito, Ref. I 6, 1-7:
Qaloû toínun !AnaxímandroV gínetai a1kroath'V. !A. Praxiádou Milh'sioV ... ou4toV e1géneto katà e5toV tríton th<V tessarakosth<V deutéraV o1lumpiádoV.

De Tales se hizo discípulo Anaximandro... Anaximandro de Mileto, hijo de Praxíades... nació en el tercer año de la Olimpíada 42a. (610 a.n.e.).
II. Escritos. El primer libro en prosa.
(D-K 12 A 7) Temistio, Orat. 36 p. 317:
e1qárrhse prw<toV w4n i5smen 9Ellh'nwn lógon e1xenegkeîn perì fúsewV suggegramménon.

[Anaximandro] fue el primero de los griegos que conocemos que se atrevió a publicar un tratado en prosa sobre la naturaleza.
(D-K 12 A 2) Suda:
e5graye Perì fúsewV, Gh<V períodon kaì Perì tw<n a1planw<n kaì Sfaîran kaì a5lla tiná.

Escribió Sobre la naturaleza, un Perímetro de la Tierra, Sobre las estrellas fijas, una Esfera celeste y algunas otras cosas.
III. Inventos y anécdotas.
(D-K 12 A 1) D. Laercio, II, 1-2:
!AnaxímandroV Praxiádou Milh'sioV. ou4toV e5fasken a1rch>n kaì stoiceîon tò a5peiron, ou1 diorízwn a1éra h6 u7dwr h6 a5llo ti ... eu4ren dè kaì gnw'mona prw<toV kaì e5sthsen e1pì tw<n skioqh'rwn e1n Lakedaímoni, kaqá fhsi FabwrînoV e1n Pantodapñ< i2storíj, tropáV te kaì i1shmeríaV shmaínonta kaì w2roskopeîa kateskeúase. kaì gh<V kaì qalásshV perímetron prw<toV e5grayen, a1llà kaì sfaîran kateskeúase.

Anaximandro, hijo de Praxíades de Mileto, dijo que el principio y el elemento es lo indefinido, sin distinguir el aire, el agua o cualquier otra cosa ... fue también el primero en inventar un gnomon y lo colocó sobre los relojes de Sol en Lacedemonia, según dice Favorino en su Historia varia, para marcar los solsticios y equinocios, y construyó relojes. Fue el primero en trazar el perímetro de la Tierra y el mar y construyó también una esfera celeste.
(D-K 12 A 3) Heródoto, II, 109:
Pólon mèn gàr kaì gnw'mona kaì tà duw'deka mérea th<V h2mérhV parà Babulwníwn e5maqon oi2 /EllhneV.

Los griegos adquirieron de los babilonios el conocimiento de la esfera celeste, del gnomon, y de las doce partes del día.
(D-K 12 A 6) Agatémero, Geographiae informatio, I, 1:
!A. o2 Milh'sioV a1kousth>V Qaléw prw<toV e1tólmhse th>n oi1kouménhn e1n pínaki gráyai* meq! o8n 9EkataîoV o2 Milh'sioV a1nh>r poluplanh>V dihkríbwsen, w7ste qaumasqh<nai tò prâgma.

Anaximandro de Mileto, discípulo de Tales, fue el primero que se atrevió a dibujar la tierra habitada en una tablilla. Después de él, Hecateo de Mileto, hombre que viajó mucho, lo perfeccionó, de modo que produjo admiración.
(D-K 12 A 6) Estrabón, I, 7:
toùV prw'touV meq! /Omhron dúo fhsìn !EratosqénhV, !Anaxímandrón te Qaloû gegonóta gnw'rimon kaì políthn kaì 9Ekataîon tòn Milh'sion* tòn mèn ou3n e1kdoûnai prw<ton gewgrafikòn pínaka, tòn dè 9Ekataîon katalipeîn grámma pistoúmenon e1keínou ei3nai e1k th<V a5llhV au1toû grafh<V.

Eratóstenes dice que los primeros [estudiosos de la geografía] después de Homero fueron dos: Anaximandro, amigo y conciudadano de Tales, y Hecateo de Mileto. El primero publicó un mapa geográfico, en tanto que Hecateo dejó un bosquejo que se puede creer que era suyo por el resto de sus escritos.
(D-K 12 A 5ª) Cicerón, De divinitate, I, 50, 112:
ab Anaximandro physico moniti Lacedaemonii sunt, ut urbem et tecta linquerent armatique in agro excubarent, quod terrae motus instaret, tum cum et urbs tota corruit et monte Taygeto extrema montis quasi puppis avolsa est.

Los lacedemonios fueron avisados por el físico Anaximandro de que abandonaran la ciudad y las casas y pasaran la noche preparados en el campo, porque estaba cerca un terremoto. En aquella ocasión la ciudad entera se derrumbó y la cumbre del monte Taigeto se resquebrajó como la popa de una nave.
(D-K 12 A 3) Ael., Hist. Varias III,17:
kaì !A. dè h2gh'sato th<V e1V !Apollwnían e1k Milh'tou a1poikíaV.

Y Anaximandro fue puesto al frente de la colonia de Mileto en Apolonia.
IV. El “Apeiron”.
a) El ápeiron como contenido del arjé
(D-K 12 A 9) Simplicio, Fís. 24, 13-25:
tw<n dè e8n kaì kinoúmenon kaì a5peiron legóntwn !A. mèn Praxiádou Milh'sioV Qaloû genómenoV diádocoV kaì maqhth>V a1rch'n te kaì stoiceîon ei5rhke tw<n o5ntwn tò a5peiron, prw<toV toûto tou5noma komísaV th<V a1rch<V. légei d! au1th>n mh'te u7dwr mh'te a5llo ti tw<n kalouménwn ei3nai stoiceíwn, a1ll! e2téran tinà fúsin a5peiron, e1x h4V a7pantaV gínesqai toùV ou1ranoùV kaì toùV e1n au1toîV kósmouV* e1x w4n dè h2 génesíV e1sti toîV ou3si, kaì th>n fqoràn ei1V taûta gínesqai “katà tò crew'n”. “didónai gàr au1tà díkhn kaì tísin a1llh'loiV th<V a1dikíaV katà th>n toû crónou táxin” poihtikwtéroiV ou7twV o1nómasin au1tà légwn.

Entre los que dicen que es uno, en movimiento e infinito, Anaximandro de Mileto, hijo de Praxíades, que fue sucesor y discípulo de Tales, dijo que el principio y elemento de todas las cosas existentes era el ápeiron [indefinido o infinito], y fue el primero que introdujo este nombre de «principio». Afirma que éste no es agua ni ningún otro de los denominados elementos, sino alguna otra naturaleza ápeiron, a partir de la cual se generan todos los cielos y los mundos que hay en ellos. Ahora bien, a partir de donde hay generación para las cosas, hacia allí también se produce la destrucción, «según la necesidad; en efecto, se pagan mutuamente culpa y retribución por su injusticia, de acuerdo con la disposición del tiempo», hablando así de estas cosas en términos más bien poéticos.
(D-K 12 A 10) Ps. Plutarco, Strom., 2:
... !Anaxímandron QálhtoV e2taîron genómenon tò a5peiron fánai th>n pâsan ai1tían e5cein th<V toû pantòV genésew'V te kaì fqorâV.

Anaximandro, compañero de Tales, dice que el ápeiron es la causa entera de la generación y destrucción de todo.
(D-K 12 A 11) Hipólito, Ref., I 6, 2
!AnaxímandroV ... ou4toV mèn a1rch>n kaì stoiceîon ei5rhke tw<n o5ntwn tò a5peiron, prw<toV tou5noma kalésaV th<V a1rch<V.

Anaximandro ... éste dijo que el principio y elemento de las cosas es el ápeiron, siendo el primero que utilizó este nombre de principio.
(12 A 14) Aecio, I, 3, 3:
!AnaxímandroV ... fhsi tw<n o5ntwn a1rch>n ei3nai tò a5peiron* e1k gàr toútou pánta gígnesqai kaì ei1V toûto pánta fqeíresqai.

Anaximandro... dijo que el principio de las cosas es el ápeiron, pues a partir de él se generan todas las cosas y en él todas perecen.
b) Apeiron como mezcla y como elemento intermedio
(D-K 12 A 16) Arist., Fís. I 4, 187a:
oi2 d! e1k toû e2nòV e1noúsaV tàV e1nantióthtaV e1kkrínesqai, w7sper !AnaxímandróV fhsi, kaì o7soi d! e8n kaì pollá fasin ei3nai, w7sper !Empedoklh<V kaì !AnaxagóraV* e1k toû mígmatoV gàr kaì ou4toi e1kkrínousi ta3lla.

Algunos piensan que de lo uno se separan los opuestos, como dicen Anaximandro y cuantos afirman que existe lo uno y lo múltiple, como Empédocles y Anaxágoras: pues ellos separan también las demás cosas a partir de la mezcla <TO&UCIRC; mígmatoV< font>).
Arist., De gen. y corr. II 1, 328b, 34-35:
dè th>n u2pokeiménhn u7lhn oi2 mén fasin ei3nai mían, oi4on a1éra tiqénteV h6 pûr h5 ti metaxù toútwn.

Algunos dicen que la materia sustrato de estos [cuerpos sensibles] es una, pensando que es aire o fuego o algo intermedio (metaxù) entre éstos.
Arist., De gen. y corr. II 5, 332a, 19-25:
ou1k e5stin e8n toútwn e1x ou4 tà pánta. Ou1 mh>n ou1d! a5llo tí ge parà taûta, oi4on méson ti a1éroV kaì u7datoV h6 a1éroV kaì puróV, a1éroV mèn pacúteron kaì puróV, tw<n dè leptóteron* ... w7st! ou1k e1ndécetai monoûsqai e1keîno ou1dépote, w7sper fasí tineV tò a5peiron kaì tò periécon.

No es de uno solo de estos [cuatro elementos] de donde proceden todas las cosas, ni tampoco de algo aparte de estos, tal como algo intermedio (méson) entre aire y agua o entre aire y fuego, más denso que el aire y el fuego, y más sutil que los otros..., de donde se sigue que no es posible que [lo intermedio] se reduzca jamás a uno sólo, tal como algunos dicen del ápeiron y de lo abarcante.
c) El gónimos y la generación de los contrarios
(D-K 12 A 10) Ps. Plutarco, Strom, 2:
fhsì dè tò e1k toû a1idíou gónimon qermoû te kaì yucroû katà th>n génesin toûde toû kósmou a1pokriqh<nai kaí tina e1k toútou flogòV sfaîran perifuh<nai tw<i perì th>n gh<n a1éri w2V tw<i déndrwi floión* h4stinoV a1porrageíshV kaì ei5V tinaV a1pokleisqeíshV kúklouV u2posth<nai tòn h7lion kaì th>n selh'nhn kaì toùV a1stéraV.

Dice también que, en la generación de este cosmos, el germen (tò gónimon) de lo caliente y lo frío fue segregado de lo eterno, y que de ello surgió una esfera de llamas en torno al aire que circunda a la tierra, como una corteza en torno al árbol; al romperse [la esfera] y quedar encerradas [sus llamas] en algunos círculos, se formaron el sol, la luna y los astros.
(D-K 12 A 9) Simplicio, Fís. 24, 23-25:
ou4toV dè ou1k a1lloiouménou toû stoiceíou th>n génesin poieî, a1ll! a1pokrinoménwn tw<n e1nantíwn dià th<V a1idíou kinh'sewV. diò kaì toîV perì !Anaxagóran toûton o2 !AristotélhV sunétaxen.

[Anaximandro] no deriva la generación de la alteración del elemento, sino de la separación de los contrarios por obra del movimiento eterno. Por eso Aristóteles lo conecta con los discípulos de Anaxágoras.
Simplicio, Fís. 150, 20-25:
ou1dè katà a1lloíwsin toû u2pokeiménou tàV genéseiV a1podidóasin, a1llà katà e5kkrisin* e1noúsaV gàr tàV e1nantióthtaV e1n tv< u2pokeiménv, a1peírv o5nti sw'mati, e1kkrínesqaí fhsin !AnaxímandroV, prw<toV au1tòV a1rch>n o1nomásaV tò u2pokeímenon. e1nantióthteV dé ei1si qermòn yucròn xhròn u2gròn kaì tà a5lla.

No explica las generaciones por alteración del sustrato, sino por separación, pues los contrarios están contenidos en el sustrato, que es un cuerpo ápeiron, y se separan, según dice Anaximandro, el primero que llamó principio al sustrato. Los contrarios son: lo caliente, lo frío, lo seco, lo húmedo, y otros.
d) El ápeiron como diferente de los cuatro elementos
D-K 12 A 16) Arist., Fís. G 5, 204b:
ei1sì gár tineV oi8 toûto poioûsi tò a5peiron, a1ll! ou1k a1éra h6 u7dwr, w2V mh> ta3lla fqeírhtai u2pò toû a1peírou au1tw<n* e5cousi gàr pròV a5llhla e1nantíwsin, oi4on o2 mèn a1h>r yucróV, tò d! u7dwr u2grón, tò dè pûr qermón* w4n ei1 h3n e8n a5peiron, e5fqarto a6n h5dh ta3lla* nûn d! e7teron ei3naí fasi, e1x ou4 taûta.

Hay algunos, en efecto, que suponen que esto [lo que existe fuera de los elementos] es ápeiron, y no aire o agua, de modo que los demás elementos no sean destruidos por ser ápeiron uno de ellos, ya que los elementos son contrarios entre sí: como por ejemplo, el aire es frío, el agua húmeda, el fuego caliente; y si uno fuera ápeiron, los otros serían destruidos. Por eso dicen que aquello de lo que proceden éstos es distinto.
Simpl., Fís. 479-480:
kaì o7ti ou1dèn tw<n stoiceíwn ei3nai dúnatai tò a5peiron, dh<lon mèn kaì e1x w4n !AnaxímandroV a5peiron ei3nai tò stoiceîon boulómenoV ou1k a1éra h6 pûr h5 ti tw<n tettárwn stoiceíwn e5qeto au1tò dià tò taûta e5cein pròV a5llhla e1nantíwV, kaì ei5per h3n ti toútwn a5peiron, fqarh<nai a6n u2p! au1toû tà e1nantía.

Y que ninguno de los elementos puede ser ápeiron es evidente también porque Anaximandro, deseando que el elemento fuera ápeiron, no propuso que fuera aire, fuego o alguno de los cuatro elementos; porque al comportarse éstos contrariamente entre sí, si alguno de ellos fuera ápeiron, sus contrarios serían destruidos por él.
V. El Cosmos
(D-K 12 A 18) Aecio, II, 15, 6:
!AnaxímandróV kaì MhtródwroV o2 CîoV kaì KráthV a1nwtátw mèn pántwn tòn h7lion tetácqai, met! au1tòn dè th>n selh'nhn, u2pò dè au1toùV tà a1planh< tw<n a5strwn kaì toùV plánhtaV.

Anaximandro, Metrodoro de Quíos y Crates dicen que arriba de todo está apostado el sol, después de él la luna y bajo ellos las estrellas fijas y los planetas.
(D-K 12 A 18) Aecio, II, 16, 5:
!A. u2pò tw<n kúklwn kaì tw<n sfairw<n, e1f! w4n e7kastoV [sc. a1sth'r] bébhke, féresqai [sc. toùV a1stéraV fhsín].

Anaximandro dice que los astros son arrastrados por los círculos y las esferas sobre las cuales cabalga cada astro.
(D-K 12 A 11) Hipólito, Ref., I 6, 4:
tà dè a5stra gínesqai kúklon puróV, a1pokriqénta toû katà tòn kósmon puróV, perilhfqénta d! u2pò a1éroV. ... ei3nai dè tòn kúklon toû h2líou e2ptakaieikosaplasíona {th>V gh>V, o1ktwkaidekaplasíona d``e tòn} th<V selh'nhV.

Los astros se generan como un círculo de fuego, separándose del fuego del mundo, circundado cada uno por aire ... El círculo del sol es 27 veces mayor que el de la tierra y 18 el de la luna.
(D-K 12 A 21) Aecio II, 24, 2:
!A. [sc.< gígnesqai th>n e5kleiyin h2líou] toû stomíou th<V toû puròV e1kpnoh<V a1pokleioménou.

Anaximandro dice que el eclipse de sol se produce al obstruirse la abertura de exhalación del fuego.
(D-K 12 A 11) Hipólito, Ref. I, 6, 3:
th>n dè gh<n ei3nai metéwron u2pò mhdenòV kratouménhn, ménousan dè dià th>n o2moían pántwn a1póstasin.

La tierra está suspendida en el aire, y nada la sostiene. Permanece en su sitio a causa de su equidistancia de todas las cosas.
(D-K 12 A 10) Ps. Plutarco, Strom., 2:
u2párcein dé fhsi tv< mèn sch'mati th>n gh<n kulindroeidh<, e5cein dè tosoûton báqoV o7son a6n ei5h tríton pròV tò plátoV.

Dice que la tierra tiene forma cilíndrica, y su espesor (altura) es un tercio de su anchura.
(D-K 12 A 11) Hipólito, Ref. I, 6, 3:
tò dè sch<ma au1th<V gurón, stroggúlon, kíoni líqw paraplh'sion* tw<n dè e1pipédwn w4i mèn e1pibebh'kamen, o8 dè a1ntíqeton u2párcei.

Su forma [la de la tierra], es circular, redonda, semejante a una columna de piedra; nosotros nos movemos en una de sus superficies planas, pues hay otra antípoda.
(D-K 12 A 25) Aecio, III, 10, 2:
!A. líqv kíoni th>n gh<n prosferh<

Anaximandro dice que la tierra se parece a una columna de piedra.
(D-K 12 A 27) Alejandro, In Arist. Meteor., 67, 3:
oi2 mèn gàr au1tw<n u2póleimma légousin ei3nai th>n qálassan th<V prw'thV u2gróthtoV* u2groû gàr o5ntoV toû perì th>n gh<n tópou ka5peita tò mén ti th<V u2gróthtoV u2pò toû h2líou e1xatmízesqai kaì gínesqai pneúmatá te e1x au1toû kaì tropàV h2líou te kaì selh'nhV ... tò dé ti au1th<V u2poleifqèn e1n toîV koíloiV th<V gh<V tópoiV qálassan ei3nai* diò kaì e1láttw gínesqai xhrainoménhn e2kástote u2pò toû h2líou kaì téloV e5sesqaí pote xhrán* taúthV th<V dóxhV e1géneto, w2V i2storeî QeófrastoV, !AnaxímandróV te kaì DiogénhV.

En efecto, algunos de ellos dicen que el mar es un residuo de la humedad primitiva; pues el espacio que rodeaba a la tierra era húmedo. Después una parte de la humedad se evaporó a causa del sol y se convirtió en vientos, y, por ello también, en rotaciones del sol y de la luna, ... En cuanto a la parte que quedó en las concavidades de la tierra, es mar. Por lo cual, al ser secado por el sol, va disminuyendo y llegará un momento en que se secará totalmente. De esta opinión, según narra Teofrasto, fueron Anaximandro y Diógenes.
VI. Origen de los animales y del hombre.
(D-K 12 A 30) Aecio, V, 19, 4:
!A. e1n u2grv< gennhqh<nai tà prw<ta zw<ia floioîV periecómena a1kanqw'desi, probainoúshV dè th<V h2likíaV a1pobaínein e1pì tò xhróteron kaì perirrhgnuménou toû floioû e1p! o1lígon crónon metabiw<nai.

Anaximandro dice que los primeros seres vivientes nacieron en lo húmedo, rodeados por cortezas espinosas, pero al avanzar en edad, se trasladaron a lo más seco, y al romperse la corteza, vivieron, durante un poco tiempo, una vida distinta.
(D-K 12 A 10) Ps. Plutarco, Strom., 2:
e5ti fhsín, o7ti kat! a1rcàV e1x a1lloeidw<n zw'iwn o2 a5nqrwpoV e1gennh'qh, e1k toû tà mèn a5lla di! e2autw<n tacù némesqai, mónon dè tòn a5nqrwpon polucroníou deîsqai tiqhnh'sewV* diò kaì kat! a1rcàV ou1k a5n pote toioûton o5nta diaswqh<nai.

Dice además que el hombre, originariamente, surgió de animales de otras especies, porque las demás especies se alimentan pronto por sí mismas, y sólo el hombre necesita de un largo período de crianza. Por ello, si originariamente hubiera sido como es [ahora], no hubiera podido sobrevivir.
(D-K 12 A 30) Censorino, 4, 7:
A. Milesius videri sibi ex aqua terraque calefactis exortos esse sive pisces seu piscibus simillima animalia in his homines concrevisse fetusque ad pubertatem intus retentos tunc demum ruptis illis viros mulieresque qui iam se alere possent processisse.

Anaximandro de Mileto opinaba que del agua y la tierra calientes se originaron unos peces o animales similares a peces: en éstos los hombres crecieron retenidos en su interior, como si fueran fetos, hasta la pubertad; sólo entonces se rompieron aquéllos y surgieron hombres y mujeres que ya podían alimentarse.
VII. Pluralidad de mundos
(D-K 12 A 10) Ps. Plutarco, Strom., 2:
!Anaxímandron ... tò a5peiron fánai th>n pâsan ai1tían e5cein th<V toû pantòV genésew'V te kaì fqorâV, e1x ou4 dh' fhsi toúV te ou1ranoùV a1pokekrísqai kaì kaqólou toùV a7pantaV a1peírouV o5ntaV kósmouV.

Anaximandro... dice que el ápeiron es la causa entera de la generación y destrucción de todo, a partir de lo cual —dice— se segregan los cielos y en general todos los mundos, que son infinitos.
(D-K 12 A 17) Simplicio, Fis. 1121, 5:
oi2 mèn gàr a1peírouV tv< plh'qei toùV kósmouV u2poqémenoi, w2V oi2 perì !A. kaì Leúkippon kaì Dhmókriton kaì u7steron oi2 perì !Epíkouron, ginoménouV au1toùV kaì fqeiroménouV u2péqento e1p! a5peiron, a5llwn mèn a1eì ginoménwn a5llwn dè fqeiroménwn kaì th>n kínhsin a1ídion e5legon*

Pues los que supusieron que los mundos eran infinitos en número, como los seguidores de Anaximandro, Leucipo y Demócrito y, después de ellos, los de Epicuro, supusieron que nacían y perecían durante un tiempo infinito, naciendo siempre unos y pereciendo otros; y afirmaban que el movimiento era eterno...
(D-K 12 A 17) Agustín., Civ. Dei, VIII, 2:
non enim ex una re sicut Thales ex umore, sed ex suis propriis principiis quasque res nasci putavit. quae rerum principia singularum esse credidit infinita, et innumerabiles mundos gignere et quaecumque in eis oriuntur eosque mundos modo dissolvi modo iterum gigni existimavit, quanta quisque aetate sua manere potuerit.

No pensó (Anaximandro) que cada cosa naciera de una sola, como Tales del agua, sino de sus propios principios, y creyó que los principios de las cosas singulares eran infinitos y daban origen a mundos innumerables y a cuantas cosas que en ellos nacen; y sostuvo que estos mundos, ora se disuelven, ora nacen otra vez, según la edad a la que cada uno pudo sobrevivir.



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